Entrevista a Mónika Buch (II).

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Segunda parte de la entrevista de M. Navarro y M. Lapiedra (ADCV) a la diseñadora valenciana de la Escuela de Ulm, centrada en su paso por esta institución.

Viene de: Entrevista a Mónika Buch (I).

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La Escuela de ULM

M. Navarro / M. Lapiedra (en adelante, MM): ¿Por qué tomó la decisión de estudiar en la HGF? ¿Cómo conoció su existencia?

Mónika Buch (en adelante, MB): En 1955, cuando estudiaba en el colegio alemán de Barcelona para sacar el diploma del Abitur (bachillerato alemán), apareció en el periódico alemán “Die Zeit” un reportaje sobre la inauguración de la Hochschule für Gestaltung en Ulm. Mi madre me hizo llegar este reportaje indicándome que estudiar allí podría ser muy interesante. Así que en el verano de aquel año hice mi servicio social en la Falange, ya que sin él no te daban un pasaporte, y en enero de 1956 salí para Ulm.

MM: ¿Fue duro abandonar el hasta entonces su país?

MB: Por una parte es duro abandonar a la familia y a los amigos, la buena vida. Por otra parte, una vida cómoda conlleva una serie de limitaciones, que no siempre son positivas. Mi experiencia me ha hecho añorar el calor de mi familia, sobre todo cuando nacieron mis tres hijos, la alegría, el  buen clima, el sol y el mar pero he tenido la posibilidad de desarrollarme sin limitaciones, totalmente libre de sistemas y convencionalismos para hacer las cosas.

MM: Sabemos que la escuela de Ulm revolucionó la manera de enseñar. Tenía nuevos métodos y una gran parte práctica. ¿Qué recuerda que llamara especialmente su atención?

MB: Lo primero que aprendí en la HfG fue el trabajo manual en el taller de mecánica fina dirigida por un orfebre holandés, un buen profesor. Aunque en Valencia había hecho bordados muy complicados en un taller de bordados artísticos, no lo mencioné cuando solicité el ingreso en la escuela. Por eso tuve que ingresar en la Grundlehre –n- del e.: curso introductorio, siguiendo la idea del Bauhaus-. Allí aprendí, durante casi un año, el trabajo de precisión necesario para poder entrar en la HfG.

En la Grundlehre era la única chica y la única española entre 30 estudiantes de muy diferentes nacionalidades, además casi todos eran mayores, ya que como condición para ser admitidos en la HfG tenían que demostrar experiencia práctica en un oficio relacionado al diseño.

Max Bill, primer director de la Escuela de Ulm (fotografía de Hans G. Conrad).

Max Bill, primer director de la Escuela de Ulm (fotografía de Hans G. Conrad).

MM: ¿Cómo fue la experiencia?

MB: El ambiente en la Hochschule für Gestaltung era completamente diferente a todo lo que hasta entonces había conocido. En nuestro tiempo aún era director de la escuela Max Bill, una persona interesante, un excelente artista, pero quizás, para muchos, no era tan apto para desempeñar su papel de director. Lo conocí de cerca en el verano del primer año, cuando no había clases y yo trabajaba en el taller, donde algunos estudiantes hacíamos modelos y trabajos para él. En aquel primer año todos los estudiantes trabajábamos juntos con gran entusiasmo en la escuela y nos quedábamos en ella todo el día, hasta que el portero nos echaba a la calle. Al principio de la semana los profesores nos encomendaban un trabajo a realizar que al finalizar la semana se discutía.

Charles Eames, durante una visita a la Escuela en 1958. (fotografía de Hans G. Conrad).

Charles Eames, durante una visita a la Escuela en 1958. (fotografía de Hans G. Conrad).

MM: ¿Qué otros profesores le dejaron huella?

MB: Para mi fueron especialmente interesantes los trabajos sobre la geometría como fundamento para el diseño para el profesor Hermann von Baravalle. Hoy en día me siguen inspirando, y a menudo utilizo su libro “Geometrie als Sprache der Formen”. También ha influido en mi desarrollo como artista las clases de Heléne Nonne Schmit, que en el Bauhaus fue asistente de Paul Klee, sobre las teorías de los colores, trabajos en acuarela muy intensivos pintando capa sobre capa para conseguir la intensidad del color necesario. Reconozco además la influencia de los problemas que proponía Tomás Maldonado sobre la percepción de formas y colores, basados en la psicología “gestalt Lehre”, a través de trabajos en papel realizados en tempera.

MM: Su marido también estudió en ULM. ¿Se conocieron allí?

MB: Efectivamente, a mi marido, el arquitecto Bertus Mulder, lo conocí allí en el primer año. Él ya tenía su diploma como arquitecto, pero la escuela supuso también para él una revolución.

MM: ¿Aún guardan relación con compañeros de la escuela?

MB: Sí. Nuestros mejores amigos son nuestros compañeros de estudio de la HFG y, a pesar de vivir bastante lejos los unos de los otros, nos seguimos viendo a menudo. También asistimos cada año a un encuentro con los antiguos alumnos en Ulm. El edificio de la Hochschule se renovó y allí se ha abierto un archivo con los trabajos que fueron realizados por los docentes y estudiantes.

Mies van der Rohe y Hugo Haring, en la Escuela de Ulm (1953, fotografía de Hans G. Conrad).

Mies van der Rohe y Hugo Haring, en la Escuela de Ulm (1953, fotografía de Hans G. Conrad).

MM: ¿Por qué decidió abandonar la escuela?

MB: Después del despido de Max Bill la ideología cambió, abrazando la tecnología y la informática como inspiración para toda clase de diseño. Mi interés se dirigía más a la educación y desarrollo de la creatividad infantil y la posibilidad de contribuir a través del diseño a una vida más interesante para los niños. Así que empecé con el estudio de pedagogía y psicología infantil en la Universidad de Utrecht.

MM: ¿De qué manera el paso por la escuela HFG ha influenciado en su vida?

MB: La ideología que aprendimos de la HfG ha influenciado en todo nuestro desarrollo como personas y profesionales. Ya en Holanda, donde la vida era totalmente diferente, mi marido y yo seguimos fieles a los principios que adoptamos en Ulm. Creo que para nuestros hijos no siempre fue fácil que sus padres vivieran de una manera diferente a la de sus amigos, bastante radical en algunos aspectos. Pero lo importante es que al final, se han desarrollado como personas felices e independientes que siguen su propio camino.

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