Tras una primera etapa dedicada al diseño gráfico editorial, colaborando con editoriales como Dargaud y Chronicle Editions, Olivier Gourvat orientó su carrera hacia el diseño tipográfico fundando su propio estudio creativo. Sus tipografías, contemporáneas y funcionales, destacan por el rigor formal y la atención al detalle. Ahora nos presenta en una extensa entrevista en exclusiva para dissenycv Calenza, una familia tipográfica inspirada en las históricas placas cerámicas de las calles de nuestra ciudad que convierte el patrimonio gráfico de Valencia en una herramienta de diseño contemporánea. Una iniciativa que complementa otras intervenciones sobre el patrimonio gráfico de la ciudad de Valencia como las de los diseñadores valencianos como Juan Nava, Ramón Pérez Colomer, Kike Correcher o Rafa Jordán.

1. ¿Cuál es tu relación con Valencia?
Valencia es una ciudad a la que le he tomado un auténtico cariño. La he visitado en tres ocasiones durante los últimos años y, cada vez que vuelvo, siento la misma ilusión, descubriendo siempre algo nuevo. Es una ciudad que se revela poco a poco, y tengo la sensación de que nunca termino de conocerla.
En mi primera visita hice lo que hace la mayoría de los turistas: recorrer los lugares más emblemáticos de la ciudad, como la Ciudad de las Artes y las Ciencias, el Mercado Central, la Catedral o las Torres de Serranos, cuya visita disfruté especialmente. Pero, con el paso de los viajes, empecé a mirar Valencia de otra manera. Cuando uno diseña tipografías, la mirada se dirige inevitablemente hacia las letras. Así que comencé a fotografiar rótulos comerciales, inscripciones en edificios y, por supuesto, las placas de las calles.
Lo que más me sorprendió fue la riqueza de ese patrimonio gráfico. En Valencia conviven placas de distintas épocas, con estilos muy diversos, que reflejan la historia de la ciudad y las múltiples influencias que la han configurado. Esa mezcla me fascina. Desde el punto de vista gráfico, no existe una única Valencia, sino muchas capas superpuestas a lo largo del tiempo.
Recuerdo que, al finalizar mi tercera visita, revisando las fotografías, me di cuenta de que había tomado más imágenes de placas de calles que de monumentos históricos. Creo que eso resume bastante bien mi relación con la ciudad. Por supuesto, me encantan sus monumentos más conocidos, pero son los pequeños detalles, esas cosas que casi pasan desapercibidas, las que más me interesan.
Valencia posee una identidad gráfica muy poderosa. No siempre resulta espectacular o evidente a primera vista, pero está presente en todas partes cuando se empieza a prestar atención.
2. ¿Cómo surgió la idea de convertir las placas cerámicas de las calles de Valencia en una tipografía?
Al principio no existía ningún plan de crear una tipografía. Simplemente fotografiaba aquellas placas porque me parecían muy singulares en comparación con las que suelen verse en otras ciudades europeas.
Entre los distintos modelos de placas que se encuentran por toda Valencia, las cerámicas, con sus letras blancas sobre fondo azul intenso, captaron inmediatamente mi atención. Datadas principalmente en el primer tercio del siglo XX, ocupan, en mi opinión, un lugar muy especial dentro de la historia gráfica de la ciudad. Creo que constituyen un puente entre las placas cerámicas más antiguas, todavía influenciadas por la tradición de las letras con remates, y los sistemas de señalización posteriores, mucho más neutros y funcionales. Me parecía fascinante que, de algún modo, representaran ese momento de transición.
Cada vez que regresaba a Valencia seguía fotografiándolas, todavía sin un objetivo concreto. Solo cuando revisé todas aquellas imágenes empecé a comprender que compartían un auténtico lenguaje gráfico. A pesar de las diferencias entre unas y otras, aparecían constantemente las mismas proporciones y principios constructivos, así como cuestiones que siguen siendo actuales: ¿cómo hacer las letras más legibles en un espacio limitado?, ¿cómo modificar su anchura sin que pierdan su identidad?, ¿cómo encontrar el equilibrio entre coherencia y adaptación?
Probablemente también influyó otra experiencia. Unos años antes, durante un viaje a Londres, descubrí la tipografía desarrollada para el distrito de Camden. Me impresionó la manera en que una tipografía podía prolongar la identidad de un lugar y convertirse en parte inseparable de él. Creo que esa idea permaneció en algún rincón de mi memoria.
En algún momento, ambas historias convergieron. Empecé a preguntarme si las letras de las placas valencianas también podían abandonar los muros de la ciudad y convertirse en una auténtica herramienta tipográfica. No como una simple reconstrucción histórica, sino como una interpretación contemporánea capaz de prolongar ese patrimonio gráfico e incorporarlo al trabajo de los diseñadores actuales.
3. ¿Qué tipo de investigación realizaste para documentar y analizar las letras originales?
El primer paso consistió simplemente en reunir la colección de material de referencia más amplia posible. A lo largo de mis distintas visitas a Valencia fotografié varias decenas de placas con el fin de crear una muestra representativa. No quería basar el proyecto en una sola placa, sino comprender el lenguaje gráfico que surgía del conjunto.
Después inicié un exhaustivo proceso de comparación. Aislé letras individuales, busqué variantes y analicé proporciones, terminales, contrastes, ritmos y las numerosas pequeñas diferencias entre unas placas y otras. Este trabajo me permitió distinguir los principios recurrentes del diseño de las variaciones provocadas por la fabricación artesanal o por las diferentes épocas de producción.
Al mismo tiempo realicé una investigación histórica para comprender mejor el origen de estas placas. Estudié su aparición a comienzos del siglo XX, el concurso convocado por el Ayuntamiento de Valencia en 1902 para modernizar la señalización urbana y la evolución de los distintos modelos a lo largo del tiempo. Comprender su contexto histórico era tan importante para mí como comprender sus formas.
Una de las principales dificultades era que las placas no ofrecían un alfabeto completo. Algunas letras aparecían con mucha frecuencia, mientras que otras eran muy escasas. Tuve que comparar observaciones, desarrollar las formas ausentes y reconstruir poco a poco un alfabeto coherente a partir de un material necesariamente fragmentario.

























Imágenes del Especimen tipográfico de Calenza, cedidas por el autor.
4. ¿Cuál fue el mayor desafío al adaptar estas letras históricas a las necesidades del diseño tipográfico contemporáneo?
Creo que el principal reto consistió en transformar unas letras concebidas originalmente para unas pocas decenas de placas de calles en una familia tipográfica capaz de responder a las necesidades de los diseñadores actuales.
Las placas originales utilizaban únicamente mayúsculas y, evidentemente, no cubrían los requisitos de una tipografía contemporánea. Tuve que diseñar minúsculas, cursivas, versalitas, cifras, signos de puntuación, caracteres acentuados y todos los glifos necesarios para un uso mucho más amplio.
También debía conservar la personalidad de las letras originales sin reproducir sistemáticamente todas sus irregularidades. Algunas imperfecciones formaban parte de su encanto y merecían preservarse. Otras estaban directamente relacionadas con las técnicas de producción de la época y era necesario replantearlas para garantizar la coherencia, la legibilidad y un comportamiento armonioso en todos los pesos y anchos de la familia.
Además, quería que Calenza fuera algo más que una evocación del pasado. Mi objetivo era crear una auténtica herramienta tipográfica contemporánea. Por eso desarrollé una familia completa con varios anchos, numerosos pesos, cursivas, una Variable Font y un estilo Poster. Todas estas extensiones prolongan la lógica de las placas originales al tiempo que abren nuevas posibilidades creativas.
El principio que guió todo el proyecto nunca fue reproducir fielmente las placas tal como existían, sino imaginar en qué podrían haberse convertido esas letras si hubieran seguido evolucionando de forma natural hasta nuestros días.
5. ¿Qué rasgos de las placas originales quisiste conservar y cuáles reinterpretaste?
Ante todo, quise preservar la personalidad de las letras. Mi intención no era reproducir cada detalle con exactitud, sino mantener aquellos rasgos que hacen que estas placas sean inmediatamente reconocibles.
Presté especial atención a determinadas letras que considero “caracteres clave”, como la C, la R, la G y la N. Son las que otorgan identidad al alfabeto. En estos casos me mantuve extremadamente fiel a los diseños originales. De hecho, digitalicé directamente varias fotografías de las placas para conservar con la mayor precisión posible sus proporciones, detalles y sutilezas. Ese fue el punto de partida para construir Calenza.
También quise mantener el contraste característico de las letras y el equilibrio entre su construcción relativamente geométrica y la sutil diferencia entre trazos gruesos y finos. Es precisamente esa tensión la que les confiere tanta personalidad.
Además, me fascinaba que estas placas ocuparan un lugar de transición en la historia de la tipografía. Conservan todavía parte del carácter de las antiguas inscripciones, pero al mismo tiempo anticipan las grandes tipografías de palo seco del siglo XX. A menudo me recordaban a tipos estadounidenses como Franklin Gothic, aunque conservando una identidad profundamente valenciana.
Todo lo relacionado con la creación de un sistema tipográfico completo, sin embargo, debía reinterpretarse: las minúsculas, las cursivas, las versalitas, las cifras, los juegos internacionales de caracteres, el espaciado y las funciones OpenType. No pretendía reproducir el pasado, sino prolongar su evolución.
6. Calenza incluye una amplia gama de anchos, pesos y estilos. ¿Qué pretendías conseguir con una familia tipográfica tan completa?
El objetivo no era crear una gran familia únicamente por razones comerciales. Esa diversidad es, ante todo, el resultado de la observación y del deseo de reflejar con la mayor fidelidad posible la riqueza de las placas de las calles de Valencia.
Una de las cosas que más me llamó la atención fue la manera en que los artesanos adaptaban la anchura de las letras en función de la composición. Palabras como Calle, Plaza o Avenida, situadas en la parte superior de las placas, solían componerse con letras relativamente anchas. En cambio, los nombres de las calles, generalmente mucho más largos, se dibujaban con letras cada vez más condensadas, e incluso extremadamente comprimidas, para mantener una altura generosa y una buena legibilidad.
Esa lógica ya existía hace más de un siglo. Por ello me pareció natural prolongarla desarrollando tres anchos diferentes: Regular, Condensed y Compressed.
Los distintos pesos responden a las necesidades de los diseñadores contemporáneos. Permiten que Calenza se adapte a aplicaciones muy diversas, desde identidades visuales y diseño editorial hasta sistemas de señalización, sin perder su personalidad.
El estilo Poster nació de una reflexión diferente. Durante la investigación encontré numerosas variantes de letras y diversas excepciones respecto a las formas más habituales. En lugar de integrarlas en los estilos principales, comprometiendo su coherencia y legibilidad, decidí reunirlas en un estilo específico.
Calenza Poster es el espacio donde pueden expresarse toda la libertad y la experimentación presentes en las placas originales. Reúne las variantes más expresivas, los detalles más característicos y algunas de las irregularidades que dan encanto a estas letras. Así, los demás estilos conservan toda su coherencia y eficacia para el uso cotidiano, mientras que Poster permite crear titulares mucho más impactantes y expresivos.
7. ¿Para qué tipo de proyectos crees que Calenza resulta más adecuada: identidad visual, diseño editorial, señalética, branding…?
¡Una buena tipografía debería servir para todo! Ese suele ser mi enfoque del diseño tipográfico, y Calenza no es una excepción. Desde el principio quise que pudiera acompañar a los diseñadores en contextos muy diversos sin perder una identidad fuerte.
Su origen en la señalización urbana le proporciona una legitimidad natural para sistemas de orientación, identidades de lugares, instituciones culturales o proyectos relacionados con el patrimonio. Pero no creo que deba limitarse únicamente a ese ámbito.
Su diseño funciona igualmente bien en proyectos de branding, diseño editorial, carteles, envases e identidades visuales. Los tres anchos permiten crear jerarquías tipográficas muy ricas, mientras que la variedad de pesos aporta una enorme flexibilidad.
El estilo Poster añade una dimensión mucho más expresiva a la familia. Es ideal para grandes titulares, carteles, campañas y proyectos en los que la tipografía se convierte en un auténtico elemento gráfico.
En términos más generales, me gustaría que Calenza se percibiera como una familia tipográfica capaz de contar una historia. Detrás de cada letra hay un patrimonio gráfico, pero también una interpretación contemporánea. Creo que esa dualidad es precisamente lo que puede atraer a los diseñadores: una tipografía con mucha personalidad, pero sin caer en la nostalgia.

8. ¿Qué papel crees que puede desempeñar la tipografía en la conservación del patrimonio gráfico y la memoria colectiva de una ciudad?
Creo que la tipografía desempeña un papel mucho más importante de lo que solemos imaginar. Forma parte de nuestro entorno cotidiano, igual que la arquitectura, aunque a menudo solo la percibimos cuando desaparece.
El ejemplo de Camden, en Londres, me marcó profundamente. Su tipografía forma parte inseparable de la identidad visual del barrio y prolonga su espíritu. Actúa de manera discreta, casi sin que nos demos cuenta. Evidentemente, la gente visita Camden por su historia, su escena musical o sus mercados, pero su identidad gráfica también contribuye, muchas veces de forma inconsciente, a hacer que la experiencia del lugar sea tan singular. Las letras forman parte de la atmósfera de una ciudad.
Creo que en Valencia ocurre lo mismo. Las placas de las calles hacen mucho más que indicar un nombre. Cuentan la historia de una época, de un oficio y de una determinada manera de concebir el espacio público. Forman parte del patrimonio de la ciudad tanto como sus fachadas y sus monumentos.
En un artículo reciente sobre Calenza, Deb Aldrich escribió que «la calle es el mayor museo tipográfico del mundo». Creo que esa frase resume perfectamente la naturaleza de nuestro patrimonio tipográfico. Las ciudades están llenas de letras extraordinarias, pero nos hemos acostumbrado a dejar de verlas. Y, sin embargo, nos hablan de la evolución de las técnicas, de los gustos y de las culturas a lo largo de las décadas.
Para mí, preservar ese patrimonio no significa únicamente documentarlo o conservarlo tras una vitrina. También significa permitir que siga formando parte de la historia viva de la ciudad. Si una tipografía como Calenza consigue que los diseñadores miren de otra manera estas placas o inspire a nuevas generaciones a interesarse por este patrimonio gráfico, habrá cumplido plenamente su propósito.



9. ¿Cómo esperas que respondan a este proyecto los diseñadores y las instituciones culturales valencianas?
Ante todo, espero que lo perciban como un proyecto sincero. Calenza no nació de un encargo ni de una estrategia comercial. Es un proyecto profundamente personal que fue creciendo poco a poco durante varios años de paseos por Valencia, fotografías, investigación histórica y, por supuesto, muchas horas de dibujo. Todo comenzó por una auténtica admiración hacia el patrimonio gráfico de la ciudad.
Si esta familia tipográfica puede contribuir, aunque sea modestamente, a que más personas redescubran estas placas y su historia, sentiré que ya he alcanzado una parte importante de mi objetivo. Imagino que muchos valencianos pasan cada día junto a ellas sin detenerse realmente a mirarlas. Es algo completamente natural. Solemos dejar de ver aquello que forma parte de nuestro paisaje cotidiano. Sin embargo, estas placas cuentan una parte de la historia de la ciudad y desempeñan un papel fundamental en su identidad visual.
Sobre todo, me encantaría descubrir lo que los diseñadores y artistas valencianos podrían hacer con Calenza. La idea no es congelar estas letras en el pasado ni convertirlas en piezas de museo, sino ofrecerles una nueva vida. Una tipografía solo cobra verdadera vida cuando otros creativos la utilizan, la interpretan e incluso la transforman.
Con ese espíritu nació la Licencia Cultural Calenza. Es completamente gratuita para diseñadores, artistas, instituciones culturales y organizaciones patrimoniales de Valencia. Es mi forma de agradecer a la ciudad que inspiró el proyecto y de devolverle, aunque sea en una pequeña medida, todo lo que me ha aportado.
Me haría especialmente feliz ver Calenza utilizada en una exposición, una publicación, un festival, un cartel o cualquier proyecto cultural valenciano. Para mí, esa sería probablemente la continuación más hermosa de esta historia: ver cómo estas letras regresan a la ciudad donde nacieron, pero bajo nuevas formas y a través de la mirada de otros creadores.
10. ¿Conoces el diseño gráfico y editorial valenciano? ¿Te resulta familiar el trabajo de diseñadores que también han investigado este ámbito, como Kike Correcher, Juan Nava (Letras Recuperadas) o Ramón Colomer (Tipografía Carrers)?
Para ser completamente sincero, no. Antes de nuestra entrevista no conocía el trabajo de Kike Correcher, Juan Nava ni Ramón Pérez Colomer. Así que me tomé el tiempo de descubrir sus respectivos proyectos y debo decir que me impresionó sinceramente la riqueza de su trabajo.
Me parece fascinante comprobar cómo cada uno de ellos, desde su propia mirada y sensibilidad, contribuye a documentar, preservar y poner en valor este extraordinario patrimonio gráfico.





