Nacho Lavernia, Premio Nacional de Diseño

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Foto: Dani Carbonell

El Boletín Oficial del Estado hizo público el pasado viernes la designación de Nacho Lavernia como nuevo Premio Nacional de Diseño, galardón que se le concede «por su impresionante trayectoria». El premio otorgado por el Ministerio de Economía y Competitividad reconoce su «versatilidad, abarcando todas las facetas del diseño tanto industrial como gráfico» y la capacidad de sus trabajos para dar respuestas a «una enorme variedad de clientes» y para demostrar «la capacidad de competir internacionalmente del mejor diseño español».

Nacho Lavernia se incorpora de este modo a la ya extensa lista de diseñadores y empresas valencianas que poseen el galardón; Mariscal, Daniel Nebot, Punt Mobles y Andreu World, lo que certifica la relevancia cuantitativa y cualitativa del diseño valenciano. En declaraciones a graffica.info, Lavernia comentó “supongo que lo que ha determinado el premio es el hecho de haber estado y tocado todos los palos del diseño: señalética, asesoramiento, producto, packaging… También haber estado en momentos relevantes como La Nave… Y esta última etapa, sobre todo con Mercadona, que no sólo se ha seguido aquí en España, sino también fuera»

Por su parte, el Premio Nacional a la Internacionalización ha sido para la también valenciana empresa Mobiliario Royo por su intensa actividad innovadora en un sector tradicional y por el importante volumen de negocio que la empresa realiza en el exterior y el éxito de la misma. Tras conocer la concesión del galardón, Royo Group declaró que su exito «se basa en dos pilares: la internacionalización y la innovación, acompañado de competitividad en las operaciones y el fortalecimiento de las capacidades de la organización».

A la espera de realizar una completa entrevista con Lavernia, para que nos relate sus impresiones sobre su designación como premio Nacional de Diseño, dejamos aquí el enlace de la entrevista que realizó nuestro colaborador Carles Gámez para la revista Tendencias Diseño de la CV (Todos los derechos reservados. Fotografías de Daniel Carbonell. Descargar aquí).

Foto: Dani Carbonell

Nacho Lavernia, El diseño al alcance de la mano

Por su estudio, Lavernia & Cienfuegos, pasan algunos de los objetos que transforman nuestra vida cotidiana. Desde hace años está empeñado en poner belleza, sentido y funcionalidad en el entorno más cotidiano.

Carles Gámez. Nacho Lavernia (Valencia, 1950) abrazó la disciplina de diseño cuando entre nosotros esta era una distinguida e ilustre desconocida, de cuyas virtudes y valores sólo unos pocos tenían conocimiento, aunque paradójicamente nos acompañaba toda la vida. Y nosotros sin saberlo. La Escuela de Artes y Oficios, y la Academia Barreira eran las únicas referencias locales en un horizonte pedagógico donde el ejercicio autodidacta se imponía casi como única salida. Y la curiosidad un arma imprescindible como complemento. “Todos los que salimos desde Valencia –recuerda Lavernia–, lo que ha sido muy determinante y nos ha unido, compartimos justamente el no haber tenido una formación o una educación muy académica, sino más bien al contrario, en casi todos nosotros la formación que hemos realizado ha sido fundamentalmente autodidacta”. En un momento de su vida decidió buscar otros horizontes académicos y se matriculó en la Escola Elisava de Barcelona, uno de los centros imprescindibles cuando se habla de enseñanza y diseño en España y donde realiza estudios de diseño industrial. En Barcelona modelará y disciplinará su autodidactismo. A su regreso a Valencia decide cambiar los volúmenes y las formas del objeto por las artes y el lenguaje de la tipografía y el diseño gráfico. “Cuando volví a Valencia y comencé a trabajar de una manera profesional en esos años había mucho más trabajo en diseño gráfico que en diseño industrial”. Y se fue introduciendo en la nueva disciplina con la fe del debutante dispuesto a descubrir la belleza de una helvética como nuevo objeto de deseo. “En mi caso –dice Lavernia– lo fui aprendiendo, practicando, de puro ejercicio”. A su formación autodidacta, se unía una voluntad de conocimiento y aprendizaje humanista. Multidisciplinar diríamos ahora, aunque entonces esta palabra todavía no había hecho acto de presencia. 

Foto: Dani Carbonell

“Ocurría que en esos años de inicio profesional –señala Nacho Lavernia– todos teníamos ganas o interés por aprender de todo. Teníamos interés por todo”. Este destino en forma de dúplex o bicefalia profesional, gráfico-industrial, acabará por transformarse en un factor determinante en su ejercicio como diseñador: “Esta duplicidad de disciplinas en nuestro estudio, por ejemplo, en un tipo de proyecto como el packaging, te permite controlar tanto la parte gráfica como la parte de diseño del envase del producto, y por lo tanto nos ha resultado beneficioso”.

Por su travesía profesional, en los años 80 surge el proyecto de La Nave. Un joven colectivo de diseñadores valencianos donde convergen por un lado los estudios Caps i mans formado por Eduardo Albors, José Juan Belda, Nacho Lavernia y Luis Lavernia, y por otro Enebecé, con Daniel Nebot, Paco Bascuñán y Quique Company. Completando los nombres del futuro colectivo profesional, Marisa Gallén, Sandra Figuerola, Carlos Bento y Luis González.

Con La Nave, Lavernia se embarca en una aventura que sería clave para el desarrollo del diseño valenciano. “La Nave –recuerda– significó una experiencia magnífica para todos los que participamos en aquel proyecto, y por otro lado, un vehículo excelente para la difusión de una disciplina como el diseño”. El proyecto de La Nave surge en una ciudad que vive su propia “movida” con la aparición de jóvenes galerías de arte, una vida nocturna donde se mezcla el ocio y las experiencias artísticas, diseñadores de moda como Francis Montesinos que exportan un exuberante y barroco look mediterráneo o un Mariscal que revoluciona los bares de copas con Dúplex en plena Gran Vía. “La Nave se creó –señala Lavernia– en un momento que sabíamos, y así fue, que comenzaba una importante demanda de diseño. Nos encontramos con unas instituciones jóvenes y con ganas de renovación. Era un momento de mucha ilusión, de mucho entusiasmo”.

Para aquellos jóvenes diseñadores significará su primera e importante oferta profesional gracias a unas instituciones que apostaron por el diseño y los proyectos que surgían de La Nave. “Creo –dice Nacho Lavernia– que en algunos casos hubo mucha valentía por parte de la clase política, de la administración. Por ejemplo el trabajo de señalización gráfica que se hizo en la Autopista A-7 requería una cierta valentía a la hora de asumirlo, y así fue; porque era un trabajo bastante rompedor respecto a lo que en ese momento se realizaba en ese campo, y la verdad es que valió la pena”.

El paso del tiempo a veces no suele ser generoso o un buen compañero de viaje para el diseño y muchos de los proyectos, una vez pasados su presente inmediato, se nos ofrecen caducos o poco consistentes. “En esto pasa como en todas las cosas –señala–, en La Nave hay trabajos que para mi gusto han aguantado muy bien, trabajos relacionados con la identidad como puede ser el del Parque Tecnológico, de la EMT, del Jardín Botánico, de la misma Generalitat… O las cosas que hicieron Marisa Gallén y Sandra Figuerola para Gandía Blasco, etc. Y luego otros proyectos, como suele ocurrir, que respondían más a las modas, al momento, que yo creo que han resistido peor”.

El estudio Lavernia & Cienfuegos se encuentra en un bello edificio de principio del siglo xx del Ensanche valenciano. Un nombre, dos palabras, Lavernia & Cienfuegos, que proyectan una especie de binomio semántico de suavidad-energía, de fragilidad y fuerza, y que han tenido el reconocimiento de algunos de los galardones y premios que se conceden en el ámbito del diseño. Una distinción para un equipo de profesionales que tiene como premisa rehuir, siempre que es posible, todo aquello que tiene un carácter de tendencia o moda. “Siempre intentas alejarte de aquello que tiene un marcado acento de moda –explica Lavernia– porque sabes que con el tiempo rápidamente se quedará obsoleto”. Dicen que el sueño de todo diseñador, casi siempre imposible, es luchar contra ese implacable paso del tiempo que todo lo borra y diluye. “Lo que busca todo diseñador –subraya Nacho Lavernia– es conseguir la atemporalidad en sus productos, una fórmula que, si la conociéramos, la compraríamos todos”.

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