Paco Bascuñán: “Confío en el desarrollo de una creatividad aplicada a problemas sociales”

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Con motivo de la retrospectiva que dedica La Nau a Bascuñán y Company, recuperamos la entrevista que Tomás Gorria realizó al primero para Eines (2009)

Paco Bascuñán y Quique Company en los años 90 © Viviane Adenauer

Paco Bascuñán y Quique Company en los años 90 © Viviane Adenauer

Con motivo de la excelente retrospectiva sobre el trabajo de Quique Company y Paco Bascuñán que se exhibe actualmente en La Nau, recuperamos la entrevista que nuestro compañero Tomás Gorria realizó en la revista Eines (en febrero de 2009) al segundo de ellos.


Texto: Tomás Gorria. Entrevista publicada originalmente en la revista Eines en el año 2009.

Paco Bascuñán (Malvarrosa, Valencia, 1954) es un referencia clave en la historia reciente del diseño valenciano. Pionero, comenzó su andadura profesional en la transición, colaborando en la creación de la imagen de diversos movimientos sociales y políticos progresistas valencianos, y mantiene la idea de que el diseño cumple una importante función social. Fundador del mítico colectivo la Nave, ha sido recientemente  nombrado miembro de la Academia de San Carlos.

Paco Bascuñán. Fotografía cortesía de colectivo Muu.

Paco Bascuñán. Fotografía cortesía de colectivo Muu.

Tomás Gorria: Hace un par de años, una muestra del IVAM en la que se mostraba una retrospectiva de tu trabajo se denominó “de diseño, vanguardia, y compromiso”.

Paco Bascuñán: Bueno, la verdad es que el nombre se lo puso el comisario de la exposición, porque el consideró que esas palabras definían mi trabajo: vinculación con las vanguardias históricas, también por una vertiente de compromiso social, y la utilización del diseño para vincular estos dos conceptos.

Tomás Gorria: ¿Pero se puede hablar de un interés común entre los diseñadores valencianos por una postura comprometida hacia la realidad social?

Paco Bascuñán: El nuestro es un colectivo que está muy cohesionado, hay mucha interelación entre nosotros. También puede ocurrir que los “iniciadores” del mismo tuvieran marcado ese interés y se haya contagiado hacia los demás. La verdad es que es un colectivo muy activo, voluntarista; participa en todo lo que se le propone, se involucra en actividades de todo tipo. También por una cuestión de supervivencia. En Valencia vivimos en un ecosistema complicado para todo lo relacionado con la cultura, para una profesión como la nuestra, y esto ha motivado la creación de un espíritu cooperativo entre nosotros.

Tomás Gorria: Tu trabajo, sobre todo al principio, estuvo muy vinculado con los movimientos sociales. Recuerdo la revista “Marginados”.

Paco Bascuñán: Sí, mis primeros clientes eran partidos políticos, sindicatos, asociaciones de vecinos… Recuerdo trabajar con Quique Company en en esa revista, o en campañas para el Partido del Trabajo, o para la CNT, cuando lo normal es comenzar con la carnicería de una vecina o el bar de un amigo. Nosotros empezamos con este tipo de trabajos. Fue una época complicada, pero también muy divertida y que permitía altos grados de experimentación.

Tomás Gorria: ¿Nacer y crecer en la Malvarrosa, a finales de los cincuenta y principios de los sesenta, también ha determinado tu manera de ver el mundo?

Paco Bascuñán: Si tengo alguna habilidad, sin duda se lo debo a mi infancia, que está muy vinculada a la huerta y a la playa, a ir a pescar con mi padre, a rayar con mi abuelo, al vivero de clóchinas, a pasear por la huerta con los amigos labradores de mi abuelo… Ese tipo de experiencias te enseña unas habilidades que otros compañeros que han nacido en el Ensanche, por ejemplo, no tienen. Una cierta capacidad por el trabajo manual, ese gusto por los materiales…

Tomás Gorria: El paisaje, la luz…

Paco Bascuñán: Eso también influye, los paisajes de mi infancia son los de la huerta del Famòs, de detrás de Vera, los espacios abiertos, la luz de la Malvarrosa… Y en una ciudad tan cerrada en si misma como Valencia, donde sólo ves ciudad, calles y casas. Por eso vivir en el extrarradio, si puedes disfrutar de espacios abiertos, condiciona tu manera de ver las cosas.

Tomás Gorria: ¿Y de dónde viene el Paco Bascuñan diseñador. Tu ambiente familiar no parecía muy propenso.

Paco Bascuñán: Mi padre trabajó de muchas cosas, y el único antecedente era el de mi abuelo paterno, que aparte de ser una persona muy interesante, era aficionado a la pintura. Salir de la Malvarrosa y llegar a este mundo no fue fácil, me costó un cierto esfuerzo por falta de referentes. Mis amigos y mis amigas acabaron trabajando en La Ford, en la Unión Naval de Levante o como ATS, que era un trabajo muy de la época, no se muy bien por qué, y yo me convertí en el raro del barrio. Un barrio al que volví años más tarde a vivir en las fincas naranja o como les llamaba la gente, la manzana “de los comunistas”. Un proyecto de Alberto Sánchis, muy interesante, que se podría estudiar  en la Escuela de Arquitectura, como ejemplo de arquitectura social. La historia de aquellas casas fue fantástica e incluso colaboré en el proyecto como como delineante, cuando estudiaba. Aparte del proyecto arquitectónico, muy lecourbusiano, todo el proceso de la cooperativa tenía rasgos utópicos que recuerdo con mucho agrado y que me ayudaron en mi formación.

Tomás Gorria: Estudiaste Artes y oficios, pero cómo llegaste a ser diseñador gráfico, en una época que ni siquiera existía esa expresión?

Paco Bascuñán: Estudie Artes y Oficios por casualidad. Yo era un chavalín de catorce o quince años y recuerdo que fui con madre a Valencia -eso decimos en la Malvarrosa, ir a Valencia- a la calle Museo y allí me topé con dos puertas impresionantes delante de mí. Bellas Artes y Artes y Oficios: no se bien porque decidí entrar en la de Artes y Oficios, y allí me matriculé, igual que lo podría haber hecho en Bellas Artes. Aquello me sedujo, aquel ambiente de barro, esculturas, pájaros disecados… Me matriculé en Decoración y me junte con gente como Quique Company, Daniel Nebot, Quique Perales o Carmen Tamarit. Al final, era muy complicada la infraestructura empresarial para trabajar en Decoración (eran tiempos de bohemia) y me asocié con Quique a empezar a hacer algo de diseño gráfico. En aquella época no existían estudios de diseño como tal, posiblemente lo único que era parecido era el estudio de Xavier Bordils, y las únicas referencias eran la agencia de Vicent Ventura, Publipress o el trabajo de Jarque.

Tomás Gorria: Y os inventasteis la profesión…

Paco Bascuñán: Más o menos. No teníamos referentes, así que con Dani y Quique a principios de los ochenta montamos enebecé, y aunque hacíamos casi de todo, nos especializamos en diseño gráfico. Por su parte existía Caps i mans (Juan José Belda, Eduardo Albors y Nacho Lavernia), que se dedicaban sobre todo al diseño de producto. En el 84, la Feria del Mueble de Valencia nos encargó a los dos grupos el trabajo de la imagen de la Feria, y viendo los resultados, nos propuso hacerlo conjuntamente.

Tomás Gorria: Ese es el germen de La Nave, supongo.

Paco Bascuñán: Claro. Un día Nacho (Lavernia) nos llamó y nos invitó a ir a Milán (es un decir, nos fuimos todos en un coche con cinco mil pelas). En ese viaje nació la idea de La Nave, dado que ya teníamos experiencia en trabajar conjuntamente. A la vuelta, encontramos la nave de la calle San Vicente, y de algún modo fue el propio local el que condicionó la manera de trabajar. Cada uno trabajaba con sus propios clientes pero compartíamos el espacio. También configurábamos equipos en función de los encargos. Compartíamos la infraestructura, el material (todavía no existían los Macs), las sinergias o las ideas, no había separaciones y todos veíamos el trabajo de todos.

Tomás Gorria: Hablemos del presente…

Paco Bascuñán: La verdad es que el momento del diseño en Valencia es fantástico, se está haciendo el mejor diseño que se ha hecho nunca, y tenemos una muy importante presencia en el escenario nacional e internacional. Por otra parte, mi generación todavía se aguanta bastante bien, somos profesionales maduros y sólidos y convivimos cordialmente con jóvenes muy preparados (la oferta académica también se está consolidando) y con ganas, con lo que hay cierta simbiosis entre experiencia y juventud. A pesar de eso, Valencia sigue siendo un ecosistema duro, muy complicado.

Tomás: ¿Notas diferencias con la anterior etapa?

Paco Bascuñán: Quiero pensar que es por una cuestión ideológica y no solo cronológica. En los ochenta había una efervescencia en todos los ámbitos, estábamos todos más excitados, incluidos los políticos, y supongo que los políticos de izquierdas tienen más capacidad de excitación que los de derechas. Trabajar con aquella administración fue muy enriquecedor, todos teníamos mucha ilusión en los proyectos que se acometían. Con el tiempo, se ha perdido la implicación de los políticos con el diseño, como apuesta. Ahora, desde luego, esa chispa no la hay.

Tomás Gorria: Es inevitable hablar de la crisis. ¿Cómo crees que puede afectar socialmente o en tu profesión?

Paco Bascuñán: Siempre tienes la idea de que un momento como este es precisamente bueno para el diseño o la creatividad. Al final, la creación o la imaginación precisa de pocos medios para expresarse, siempre quedará eso. Socialmente, la cosa parece complicada, y me preocupa, más que las consecuencias económicas, la pérdida de cierto norte social, y que puedan reaparecer viejos fantasmas como la xenofobia o el autoritarismo como soluciones. Confío en que la creatividad (también las manifestaciones artísticas) aplicada a los problemas sociales (con alternativas como la de Muhammad Yunus, el banquero de los pobres) puedan desarrollarse finalmente. Por otra parte, creo que también esperamos demasiado del Estado, nos hemos convertido en consumidores un poco adocenados que esperan que todas las papeletas las resuelva el Estado, que es el culpable de todo. Espero que esta crisis también pueda espabilarnos un poco, sobre todo a los más jóvenes.

Tomás Gorria: ¿No crees que los diseñadores pueden aportar buenas ideas en el ámbito social o político?

Paco Bascuñán: Si, pero el problema es como vehicular esas posibles propuestas. Hemos creado unas estructuras políticas muy rígidas, en las que no se han habilitado mecanismos de participación o de comunicación entre las estructuras políticas y las sociales. No hay vías reales de participación, y es lamentable, porque hay un caudal de energía e incluso de posibles soluciones que se pierde por esa falta de comunicación. Siempre hablamos de las potencialidades  sociales del diseño, pero es complicado mientras no se plantee dentro de un proyecto más complejo.

Tomás Gorria: Seguro que tu tienes alguno en la cabeza.

Paco Bascuñán: La verdad es que desde hace mucho tiempo me ronda una idea que nunca he podido sistematizar. No se si la gente es consciente de los miles de muertos que se producen cada año por la simple razón de no comprender bien las dosis del tratamiento contra la malaria, por ejemplo, dirigida a gente con problemas de analfabetismo. Un proyecto interesante sería el de establecer un sistema de pictogramas, comprensible para todos, independientemente de la lengua que hablen, sobre cuantas pastillas deben tomarse cada día, en base a códigos cromáticos y pictográficos.

Tomás Gorria: Hace unos meses fuiste nombrado Académico de San Carlos…

Paco Bascuñán: Fui el primer sorprendido. En realidad no se trata de que yo sea académico sino de que el diseño entre en la Academia, a través de la propuesta de Román de la Calle, y en ese sentido es positivo.  Personalmente, me sigue resultando sorprendente. La Academia es una institución tradicional y con una carga histórica que todavía pesa mucho. Espero que con la gente que está entrando como Vercher o Carmen Calvo se renueve algo una Institución en la que la modernidad entra muy poco a poco. Se ha abierto la puerta, esta entrando algo de aire de la calle y eso siempre está bien.

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